Thursday, January 11, 2007

y fue en un domingo

Sé que ya no está de moda y que quizá no sea un buen augurio para el inicio de año, pero deben comprender que se me atravesaron las vacaciones de diciembre, un capítulo de libro y unos ojos hermosos que mirar. Con todo y todo, imposible dejar pasarlo.

Hace ya varias semanas, el comentario de mi muy estimada Irama Nuñez a la muerte de Raúl Velasco fue emular lo dicho por toda televisa pero ahora con una carga de ironía acompañada de la sonoridad de su sonrisa: Es que unió a la familia. Por todos lados en los medios la referencia al recién difunto era que unió a la familia. Y tal vez, pero a la familia Azcarraga con la Alemán y con la O´farrell. Más allá de eso el desempeño profesional de Raúl Velasco representó para el país el inicio de la disolución de los lazos familiares en el sentido tradicional, y también de los no muy tradicionales. Hasta antes de la irrupción de los televisores en las salas de estar de las casas mexicanas, la función principal de estos espacios era la conversación, sobre todo los domingos. Se visitaba a los suegros, a los padres o los vecinos para ponerse altanto de la vida. La conversación es un acto civilizatorio tan importante que en esta dark age de hoy, solo unas cuantas culturas de alto grado de civilización, como las tribus del Amazonas o los bosquimanos, la siguen cultivando. A su vez conversar era uno de los factores que mantenían la cohesión de los habitantes de la casa, fuera una familia extendida, adoptiva, disfuncional, concubinal , consanguínea o asanguínea.

Al llegado de la señal, las salas se trasformaron en pequeñas ermitas familiares que en lugar de becerro de oro tenían un tubo de rayos catódicos en el altar. Así que el tan traído término de ídolo para designar a los imberbes y estultos personajes cuya voz hizo callar a todos esos concubinos adoptivos y disfuncionales que antes convivían, es bastante atinado. Desde entonces la convivencia se limita a sentarse uno junto al otro, como en el metro pero sin ir a ningún lado. De hecho algunas veces he mantenido mejores conversaciones en el metro que frente a la tele.

La familiaridad con que adoptamos a estos personajes que nos hablan desde el más allá de un estudio es tan grande, que alguna vez me topé en una reunión sobre educación con famosa locutora de la primera temporada de canal 40, a la que le hablé con tal confianza que se notaba que trataba de recordar de dónde me conocía. Claro que nunca lo lograría. De hecho yo me acordé que la conocía sólo por la tele hasta tres días después.

Si esta convivencia en general se ha transformado en coexistencia, en buena medida se le debe a don Raúl. Pero aún hay más, en serio. para ejemplo, en la periferia del Valle de México han existido desde antes de la fundación de Tenochtitlan una serie de poblaciones cuya identidad se veía bastante sólida hasta el inicio de las trasmisiones de Siempre en Domingo, donde cada semana cientos de familias de San Mateo, Santa Rosa, San Bartolo Ameyalco se confrontaban semanalmente con la imagen de un espejo que les insistía en que lo que eran, era terrible. Así San Bartolo, como gran parte del país, es hoy tan solo un interminable paisaje de concreto, donde la sonoridad del nauhatl desapareció y la belleza del castellano se extingue en medio de un bosque, ya no de pino-encino, sino de antenas de sky. Y todo inició en domingo, siempre en domingo.

1 comment:

Orquidea said...

En su momento no comenté éste, entonces no tenía correo en gmail, pero no quiero dejar pasar la oportunidad de decirte que cada vez que visito tu blog recuerdo que en aquellos tiempo me hiciste pensar (lo peor de todo es que lo seguiré haciendo) que los ojos hermosos son los míos. Gracias por nuestros primeros 3 años, te quiero amiguito... beso!