Thursday, May 24, 2012
Diabético 132 (mg/100ml)
Monday, April 23, 2012
Calabozos y dragones
Tuesday, April 10, 2012
...y sigue la UNTA andando
24, es decir veinticuatro. Ese fue el número de autobuses que conté en la marcha de la UNTA para “celebrar” su 32 (treinta y dos) aniversario. Niños, ancianos, mujeres de colores varios y variopintas lenguas. Y bastantes de ellos de super lujo. Los autobuses. Bueno, los niños también, con enormes chapas sobre pieles aceitunadas, rojas, terrosas. La cantidad de calcomanías de identificación eran inmensa, las playeras nuevecitas, las pancartas auladas todas con un asta enorme maultiusos tácticos y el pase de lista riguroso para estos casos, me hicieron recordar los alegatos de los monarquistas y conservadores que desde el siglo XVIII hasta hoy por la mañana insisten en que los mexicanos son incapaces de ser libres. El rollo ideológico cambió para que todo quede igual; ahora son los líderes, los camaradas, los que compañeros, quienes velan por el pueblo. ¿qué haríamos sin ellos, los de antes, los de ahora? Claro, los amos eran ellos. Son ellos.
Las consignas repetidas como mantras, sin sentido, con desgano, con el vacío de la liturgia romana, fueron sacudidas por bonita rima de “señora Hinojosa, ¿por qué parió esa cosa?” que sacó del sopor a los manifestantes y llenó de carcajadas Reforma de manera que ni el mismo animador (profesional, hay que decirlo) se esperaba.
Calladito y nomás mirando, pude escuchar a tres hombres mayores, la piel apergaminada por el sol, discutir sobre las ventajas de los créditos del Infonavit contra los que da la UNTA. Así que dejé de preguntarme por qué dejaban sus casas, cosechas y familia para sentarse en una banqueta de Bucareli. Al menos algunos.
Como ya no llegué a la fondita tras las barricadas que era el objetivo original me metí a un restaurantito familiar que resultó ser de mariscos (animales invertebrados bentónicos o no, especialmente crustáceos o moluscos, que con frecuencia al dormir, terminan en una sopa o paella). Desde ahí (desde el restaurantito) miraba el plantón, que hay que decirlo, militante lector, tenía su encanto; gente de Jalisco, Hidalgo, Chiapas , Michoacán., Tabasco, Veracruz…y de este último el contingente totonaca que me generó una profunda tristeza; enjutos, desnutridos, ausentes, todos varones obedecieron a pies juntillas a un gordito que les indicó se formaran en una larga, larga, larguisima fila que nunca avanzó en el tiempo que estuve presente, y que al parecer no iba a ningún lado. Menos lúgubre fue escuchar a los vendedores ambulantes que hacían su agosto y a un tipo que, megáfono en mano, aseguraba que la UNTA la había fundado Emiliano Zapata .
Lo que ya no me gustó fue cuando a un par de organilleras, al parecer madre e hija, fueron rodeadas por tipos enormes. Parapetado tras un caldito de camarón me fue imposible escuchar la discusión. Pero la cosa se veía todo, menos amable. Por fortuna llegaron refuerzos. Más tipejos que formaron una segunda hilera que rodeó de más cerca a las dos mujeres y su organillo. Y yo sin cel para grabar, al menos. A punto de llamar a los meseros que de todas formas estaban mirando, cuando llegó un hombre blanco, alto, de 1.80-90 metros, impecable, 38-40 años, playera polo, sombrero, que con un movimiento de mano logró alejar un poco a los patanes. Escuchó algo que airadamente la más grande de las mujeres le dijo, y sonriente hizo un ademán que seguro abriría el mar Rojo, pero que en este caso le dio paso franco a las dos mujeres, su organillo y la tristeza de saber que este país, está todavía lejos de ser la República que arrope con libertad e igualdad a todas sus hijas. Vaya día. Y eso que ya no les conté de los comensales de enfrente alabando sin cesar a las maravillas de los malls de Huston, ciudad con nombre de vencedor en estas tierras; y del comensal burócrata de ingentes dimensiones que tras de mi, aseguraba a sus compañeros de mesa que con dos tragos diarios de Torres 10 y un antibiótico bien potente (sic) te desparasitas de manera “natural" en un mes. Las comillas son mías.
Por cierto, recomendable ampliamente la sopa de mariscos que, en caso de plantón inesperado, se acompaña con un caldito de camarón y dos pescadillas cortesía (indirecta) de la UNTA.
Wednesday, December 21, 2011
a year, a year or so
42. Muchos en mi lugar preferirían el orden inverso de los dígitos. Yo no. Me gusta lo vivido, aunque debo decirlo, no sé si estos años han sido mucho tiempo. Nací exactamente el día en que el fundador del aikido murió, del año en que la humanidad se posó en la Luna y en la fecha en que poco después Apolo 17 se despidió para siempre de Selene. Tengo, pues, la misma edad del metro de la Ciudad de México. Con algunos achaque similares, si es que los rechinidos de mis rodillas son análogos u homólogos del ruidero de la suspensión de los trenes. Supongo que me suenan más en invierno, pero creo que es por haber practicado aikido o por la esgrima que hice en los intersticios temporales en que abandonaba el aikido. Cierto estoy que no es por haber corrido un maratón porque nomás fueron tres horas con 57 segundos. Lo que sí es que haber nacido cuando los Apolo tal vez marcó mi sino, ya que mi curiosidad por la naturaleza la recuerdo mucho antes de haber mirado por primera vez la vía láctea en el desierto poblano, al regreso de Zacapoaxtla, donde comí mole y rompí una piñata en navidad. Desde entonces sigo sin poder construir un telescopio pero continúo maravillado del universo. Eso sí, desde antes buscaba bichos, disectaba flores y en un pueril afán mecanicista, despanzurraba los juguetes de cuerda de mi hermano que ahora valdrían una fortuna en e-bay. Por lo mismo, formé una colección de mariposas que yo mismo capturé y monté y que se rompieron en el terremoto del 85, cuando a mis huesos casi casi les pasó lo mismo cargando escombro en la colonia Roma, buscando el cadáver del admirado Frederick quien en su fabuloso destino libró los añicos de las ruinas en los bombardeos nazis y vino a morir bajo los tepalcates de las ruinas del temblor de cuyo edificio salió con vida tan solo de soledad un pequeño gatito siamés a quien una amiga de caderas fabulosas bautizó con el fabuloso nombre de sismito. Un gato bipolar. Tierno y juguetón, que corría sin aviso como guepardo bonsái hasta chocar con la puerta del baño de su amo. Un tipo sensacional (el amo) que igual nos aguantaba a media docena de adolescentes bailando en la sala de su casa que nos prestaba ejemplares de García Márquez, a quien años después estreché las manos con las mías llenas de salsa morita. Desde entonces me late menos que bailar en la casa del amo de sismito.
Y es que siendo franco, sólo una vez en la vida he bailado decorosamente, ligeramente ebrio, a las dos de la mañana, en calcetines, oyendo a Morrisey en casa de una antigua y maravillosa novia de hace miles de años. Así pues, como se verá, no soy mucho de fiestas; prefiero los museos y los mercados y los helados y las charlas. Como aquella mientras miraba pasar la Estación Espacial Internacional tirado en la hierba de noche mediterránea, junto con 20 adolescentes ingleses, cenado almendras tostadas y ginebra y discutiendo sobre equidad de género hasta la madrugada, sobre la inequidad de la guerra, pero la justicia de algunas guerras. Y no es que me guste la beligerancia así porque sí, al contrario, no me gusta porque la entiendo; quizá porque de niño, un 5 de mayo, me tocó estar del lado francés, y al ver caer a quien portaba la bandera gala, herido (porque el porrazo que le dieron fue de verdad), me lancé a ayudarle, a desagraviar nuestra enseña, arengar a los otros infantes partisanos, y al grito de vive l France! a punto estuvimos de ganarle a los zacapuaxtlas de tercero B. Lo marcial parecía seguirme años más tarde, en el Servicio Militar, donde tuve cierta popularidad, no por mi abuelo capitán que luchó en la Revolución, sino por mi buena puntería que tantos cerditos de barro me había hecho ganar en cuanta feria me topaba. Así que me tocó disparar las salvas en una guardia de honor usando un viejo y pesado mosquetón 7.9 mm hecho en México en 1937, de aquellos que se mandaron con todo y troquel de águila y serpiente a que defendieran la Sagrada Familia de Barcelona, según yo la obra humana más hermosa, que aún me eriza el pericardio y que engalana la ciudad condal de la que he adoptado a Saint Jordi con su día y alguno que otro colega y amigo. Porque eso sí, los mexicanos y México (además de gritar) sabe adoptar; adopta por igual iberos añorantes de una república imaginaria, que chilenos entrañables o alemanes industriosos con todo y el vocho que me parece el mejor carro del mundo, en especial el setentero que fuera de mi padre, aunque prefiero las bicicletas que me parecen más civilizadas, tal vez porque no sé manejar, aunque tengo mi licencia permanente. Tampoco sé anudar una corbata, si bien tengo tres. Eso sí, si alguien desea practicar su desapego al mundo material regalándome un Jeep Sahara se lo acepto, solo por el altruismo de propiciar su crecimiento espiritual. O un smart. O un vocho setentero. O una corbata de Pineda Covalín. No me sorprendería que alguien lo hiciera, porque de sorpresas está llena la vida. Una ocasión una mujer que dijo amarme entró sin avisar al lugar en que trabajaba, en medio de todos, andando felina y lunar, me besó; y se fue; y no volví a verla. Tal vez fue por cigarros (aunque no fumaba). Y es que cada día sé más sobre el universo, pero menos sobre las mujeres, aunque más sobre los gatos. Si a mi me gustaban los perros; así que sigo sin saber cómo, una mujer de por medio, terminé habitando con dos gatas a las que adoro, no como mis hijas, pero sí, como se debe amar a una mascota. Porque lo hijos, ahora lo tengo claro, son otra cosa. La sobrinita de una ex novia y el hermanito de otra me han hecho pensar en ser padre; dejar de verlos me ha hecho saber que esa es una decisión femenina. Que ellas deciden si lo hacen padre a uno. A menos que uno sea el rey de España, a quien saludé una vez y solo atiné a balbucear “mucho gusto majestad,” yo que soy republicano, liberal y de izquierda y protestante, y que para colmo de males monárquicos le he robado un beso, entrañable como ella, a un miembro de una familia real. Mujer que cada día admiro, quiero más y me sorprende más, en su talento, desparpajo, amorosidad. De ese amor que es respiro inesperado, que nos aguarda a la vuelta de la esquina, que enloquece el alma y que en el grupo de face contra la pseudociencia opinan que no es causa de su piel que me eriza, su vientre o su mirada, sino alguna enzima, o varias, o tan sólo un aminoácido secretado por alguna de sus, naturalmente, hermosísimas glándulas.
Pero no se piense que todos los besos los he robado, a pesar de no haber besado en demasía. Alguna vez besé a una prima, algo de Darwin debería tener. Y también a una compañera de trabajo, teniendo novia (ella y yo) y lo peor, estando sobrio. Si bien generalmente estoy sobrio. Apenas me emborraché por vez primera a los 32, lo que desató las burlas e indignación de mis amigos; de los abstemios y de los ebrios por igual, no obstante por razones diferentes. Siempre es un gusto lograr que se unan bandos opuestos, aunque sea imaginándome recargado en un poste de farol, acera opuesta del Dada X recientemente extinto. Y es que lo dicho, ni las fiestas ni el alcohol se me dan demasiado. De niño repartía volates contra el alcoholismo y de grande vi morir a mi hermano de lo mismo, tratando de cuidarlo lo mejor que pude como intenté cuidar igual a mi madre hasta que se cansó de vivir y prefirió descansar y morir y estar en paz, amando hasta el último a su ausente Nicolás. Así que lo de volantear ha sido recurrente, ya sea contra el papa a grupos de monjas que le llevaban serenata al pié de la nunciatura, o contra el dalai lama (con minúsculas), quien junto al karaoke me parece el riesgo más grande a la cultura occidental. Y es que la idolatría de mi país siempre me ha dolido, sea de adolescentes reguetoneros o hipsters. De pequeño al mirar a los curas (con las sotanas del color de su alma) hincarle la cartera a peregrinos que hincados andaban buscando consuelo y verdad, pensé que de grande no lo vería jamás. Que era cuestión de escolarizar y de enseñar. Me imaginé un México en libertad, con ateos, protestantes, agnósticos y un queotro Pentecostal, pero catolicismo no más. Y me imaginé con más talento que Arjona para evadir estas rimas nada más. Quizá porque tuve la fortuna de nacer en una familia metodista y de escuchar desde la parvulez al ilustrado pastor Rolando Zapata y al perspicaz Luis Rubluo, quienes entre prédica y sermón citaban igual a Rousseau que a Jefferson; al compás del piano del hermano Cora que insistía en alternar a Mendelsohn con Charles Wesley. Y quizá por lo mismo pienso hasta ahora el viaje vivido ha valido la pena. Lo mismo los lugares que los sabores y la gente. Del futuro no tengo idea. Siempre es más fácil ser historiador que profeta. Hace seis años pensaba que hoy estaría viviendo en Lisboa comiendo pastéis de nata por la mañana, esperando que Lusitania no desapareciera de nuevo tragada por la tierra, ahora conmigo, como en 1755.
Así que ni idea de lo que sucederá, pero creo que seguiré escribiendo contra las supersticiones, la misoginia, el racismo, andando a barlovento, que es una palabra que me gusta mucho. No sé qué haré ni dónde estaré en los años por venir, pero creo que quiero otro tatuaje y un perro border collie para acompañarme a ver las estrellas a Zacapoaxtla, con un hijo que aun no tengo y un telescopio que aún no acabo.
Friday, October 14, 2011
Abortar por la justicia
¿Qué es lo primero que hace un hombre cualquiera en cuanto tiene un microscopio en una mano? Por supuesto se pone a ver su semen (al fin se tiene la otra libre). Y claro, eso fue lo que hizo a finales del siglo XVII el multicitado en toda escuela secundaria Anton van Leuwenhoeck. Tras arduos y numerosos intentos previos, logró tener un microscopio, pequeño, simple, pero muy eficiente con qué mirar todo lo que salía de si. No contento con andar mirando sus fluidos, también tuvo la ocurrencia de ver el semen de perro. Nunca he querido averiguar cómo consiguió la muestra y para buenaventura de todos los historiadores parece no haber registro de ello. Lo que también ha sido una duda constante en mi vida es saber lo qué estaba bebiendo cuando hacía sus observaciones. Y es que no sólo él, sino muchos de los primeros microscopistas veían en el semen humano pequeños hombres en posición fetal, más o menos como cuando uno viaja en un microbus en el asiento de arribita del neumático. Como entierro quechua pues. Aquellas visiones con el instrumento (me refiero al microscopio) fueron una pequeña revolución teórica, pues la creencia sobre lo acontecido en un embarazo con frecuencia apelaba a imaginar hombrecillos diminutos que reposaban en el vientre femenino y de repente les daba por crecer. Todas estas ideas se conocen como preformacionismo y los humanitos eran llamados homúnculos, es decir hombres pequeños. En la variante femenina, los homúnculos se encontraban en los ovarios y se desarrollaban con el influjo vital de los líquidos masculinos. Faltaba más, caray. De hecho la palabra homúnculo también hacia referencia a uno de los viejos sueños de los alquimistas medievales de poder crear hombres diminutos a partir de mezclas misteriosas y recetas secretas de 11 especias y hierbas, fuego lento y alambiques. Probablemente las hierbas además de secretas eran ilegales y el uso del alambique hace sospechar a más de uno sobre el tipo de destilados empleados. Así que generalmente terminaban jurando que lograban ponerse a platicar con su propio hombrecillo embotellado. O tal vez solo acababan hablándole a la botella luego de una larga ingesta de los ingredientes del experimento. En todo caso usar la palabra homúnculo en el contexto del preformacionismo conllevaba equiparar a las mujeres con el alambique. Las reducía a un mero matraz. Un matraz sagrado hay que decirlo, pero un matraz. Si en los ovarios de usted, fértil y reproductiva lectora, se encuentra una linda colección de homúnculos (as) lista a que su hombre les dé el soplo divino para ponerse a crecer, ¿qué hay en los ovarios de esas homúnculas suyas?
Igual como usted estaba en los de su madre y ella en los de su abuela y así hasta Eva (o Lucy). En sus ovarios está toda la descendencia familiar y por lo tanto hay que consentirla y mimarla. Excepto, claro, que a usted se le ocurra abortar, porque si aborta una niña, está matando a todas las generaciones venideras y puede terminar en la Corte Penal de la Haya acusada de genocida. Siempre habrá un intelectual listo para convertirse en abajo firmante y promover su juicio. Lo bueno es que pasados unos cuantos años de las ocurrencias de Leuwenhoeck, ya con microscopios más modernos y microscopistas más sobrios (Von Baer por ejemplo), quedó completamente descartada la fantasía de que el desarrollo prenatal era únicamente el crecimiento de muñequitos de gomita, de los que se hinchan al sumergirlos en agua.
Lo que empeoró fueron las dudas sobre el momento en que esa masa informe se convertía en una persona. Con los avances tecnológicos y el paso del tiempo las dudas no se disiparon, pero dieron lugar a multitud creativas hipótesis sobre el inicio de la vida de una persona (ojo, no de la vida).
Porque la vida no es el problema. Nadie niega que el cigoto esté vivo, como lo está una célula de epitelio esofágico, una hemorroide o un tumor y, (hasta el momento) no hay grupos a favor de la dignidad de la vida de los tumores. Y eso que podrían vivir para siempre. La discusión se centra en cuándo considerar a esa masa celular una persona y parte de las dificultades en resolverlo es que el desarrollo embrionario es un proceso y por lo tanto cualquier frontera es por demás artificial y arbitraria. Desde la época de Von Baer hasta nuestro días los candidatos más fuertes para la terna de cuando usted, ontogénico lector, deja de ser una masa sin cantera y se convierte en ciudadano del mundo, damita o caballero, son:
La fertilización (que algunos llaman concepción para que, aunque maculada en este caso, tenga un tinte divino). Es el momento en que un nuevo y único genotipo se establece. Para muchos esto es lo que define lo individual y por lo tanto el ser persona. Algunos dicen que se trata de un neopreformacionismo genético. La persona es el genoma y por lo tanto sujero de derechos. Las implicaciones son terribles porque a la hora de los actos (y los actos son los que nos definen) el cigoto es igual a un niño de cinco años. Y ya sabemos lo que implica matar a un niño de cinco años (en especial para el niño). Lo que la gente olvida es que el cigoto producirá una placenta por un lado y por otro una persona, en caso de completar el desarrollo. ¿Alguien ha visto a Serrano Limón juntar las placentas para darles cristiana sepultura? Seguro hasta usa cremas de placenta. Si usted ya se angustió por la incertidumbre de si irán al cielo todos esos inocentes cigotitos y placentitas, déjeme decirle, piadoso lector, que la identidad genética de un grupo celular no lo convierte en un ser humano. El desarrollo embrionario es la única etapa teleológica de la vida, de la que ya sabemos el final. Su confusión viene de intuir (con bastante certeza) cual puede ser el final de ese proceso, en este caso un bebé. Hasta ahí la aparente certeza, pues el tierno bebé puede convertirse dentro de 40 años en una viejita estilo Carmen Salinas que venda armas, chemo y fayuca en la trastienda de una miscelánea donde lo tenga secuetrado a usted. Pero esta certeza también es falsa. La mitad de los cigotos nunca llegan a implantarse en el endometrio. Aún más, las probabilidades de que un cigoto se convierta en un votante panista son muy bajas. Algunos datos indican que hasta más del 50% de los cigotos nunca se desarrolla. De los que se implantan, algunos, en efecto, se convierten en un persona, pero otros hasta en más de una. Los gemelos idénticos o siameses (por los gemelos Chang y Eng del antiguo reino de Siam, hoy Tailandia) son dos personas con la misma identidad genética provenientes de un mismo cigoto. Por lo tanto un cigoto no es una persona por más que existan algunas probabilidades de que en el futuro pueda serlo.
La posibilidad de que un embrión se pueda convertir en más de una persona finaliza con la gastrulación, alrededor del día 14, que es cuando la identidad individual queda establecida y las posibilidades de un gemelismo desaparecen. Por lo mismo ha sido con frecuencia un momento para comenzar a considerar persona a esa cosa con sus genes que lo tiene a un paso del altar. Con base en este criterio para algunos teólogos la esencia humana (el alma) no existe antes del día 12, y por lo tanto abortar o impedir la implantación es por completo permisible en este periodo.
El inicio de la actividad cerebral a partir de un electro encefalograma reconocible como humano es otro momento clave de la humanización. Se trata de un criterio simétrico al usado para definir la muerte, el fin de todas las funciones cerebrales y la pérdida de un patrón encefalográfico humano, la llamada muerte cerebral. Si sabemos que una persona deja de serlo cuando ya no tiene actividad encefalográfica, asumimos que empieza a serlo cuando esa actividad comienza alrededor de las 27 semanas de gestación.
Finalmente el periodo perinatal, definido por la viabilidad del feto, es el más antiguo de los momentos asociados al ser una persona. La viabilidad del feto puede darse desde la maduración de los pulmones que es por ahí de la semana 25, pero la realidad es que casi todos los sistemas no funcionan adecuadamente hasta el nacimiento, el mayor momento de individualidad hasta antes de beber alcohol legalmente.
Otros criterios que se han esgrimido son el inicio del latido del corazón (lo cual además de tierno no tiene sentido), cuando son percibibles los movimientos del feto en la semana 16 y las famosas 8 semanas de gestación. Hasta aquí le hemos seguido el juego a quienes están en contra de la legalización del aborto; hemos dejado de lado a la mujer. Y esto viene a cuento porque las ocho semanas no es un momento tan arbitrario. A partir de la semana 7 la parte anterior del aún embrión adquiere un aspecto claramente humano incluidos los rasgos faciales, pues los ojos ocupan su posición final. La primera trampa es que es más fácil la identificación de uno mismo con las imágenes de embriones de siete semanas. La segunda trampa es que el cigoto parece un identidad independiente de la mujer que lo gesta. Y no, el cigoto, la mórula , el feto y el embrión no son entidades aisladas e independientes como aparecen en miles de fotos sesgadas, en las cuales hasta se les borra el cordón umbilical. En las que la mujer es invisible y el feto flota solo en el espacio, como alguna vez me comentara Scott Gilbert, el famoso embriólogo.
Daniel Moreno, director de Animal Político, comentaba hace unos días que la totalidad de las mujeres encarceladas por abortar han sido pobres. De ser cierto es una doble injusticia. Una triple injusticia porque NADIE aborta por gusto. A lo largo de mi vida he visto pasar a distintas mujeres por ese trance, amigas, colegas, familiares y a ninguna la he visto radiante. Y ninguna me parece un ente maligno. Por el contrario, todas, absolutamente todas, me parecen buenas personas. Por varias metería las manos a todos los fuegos. Mujeres malas las habrá, como cualquier humano, pero no por abortar. Se trata de gente tangible y real. Tal vez de ti, lectora. De amigas, familiares y colegas. De quien te ayuda en casa, de quien te cuida, de quien te enseña, de quien te desea, a quien enseñas, de quien reza por ti.
Lo que hicieron los 11 ministros de la Suprema Corte de Justicia no fue apoyar la ilegalidad de los abortos. Pero tampoco la legalidad. Solo desestimaron el caso. Un desdén jurídico que significa que no están a favor o en contra ( sino todo lo contrario) de analizarlo y que mejor lo intentan pa la otra. ¿Cuántas injusticias entre tanto? Lo que hicieron fue apoyar la injusticia.
La realidad es que no sabemos cuándo una masa celular se convierte en persona. ¿Qué hacer ante la duda? Sabemos que un cigoto no lo es, que un embrión tampoco. Pero sí sabemos, con absoluta certeza, que una mujer gestante sí es una persona.
Los cigotos no son personas, como no lo son las placentas. La persona es la mujer que tiene derecho a ser madre y derecho para no serlo. Los cigotos no son homúnculos a proteger, señores de la Corte. Los homúnculos son ustedes, los once ministros de la Corte.
Monday, September 19, 2011
Pateando a Bambi
Hay que ser muy malo para que un premio Nobel de la paz te mande matar y otro le eche porras. A lo mejor Bin Laden sí era tan malo para que Obama lo matara y el Dalai Lama lo justificara. También cabe la posibilidad de que el Nobel de la Paz pudiera llamarse en realidad El tirano del mes. Y eso sin contar que Hitler y Stalin estuvieron alguna vez nominados. Solo hay que ver la lista de galardonados que incluye a Yasser Arafat, a Shimon Peres y el 14 Dalai Lama. Solo falta Kahadfi.
La pregunta es de dónde saca dinero para una burocracia, ni modo que cobre impuestos estando en otro país. Eso solo lo hacen los zetas. Una de las principales fuentes de ingreso de los lamas exiliados son las donaciones de organizaciones promotoras de la paz como...la CIA.
La Agencia Central de Inteligencia del gobierno norteamericano ha sido una de las principales fuentes de dinero del Dalai Lama desde el momento mismo del exilio. De hecho desde antes. Gyalo Thondup, uno de los hermanos del Dalai Lama, participó en operaciones con la CIA desde 1951. Más tarde él mismo estuvo en el intento de contra ataque de los lamas con tropas tibetanas entrenadas por Estados Unidos, mismas que fueron muertas o capturadas en su totalidad. Una especie de Playa Girón de los Himalayas. Este fracaso militar no le hizo perder el entusiasmo al Dalai Lama para cultivar la amistad de la CIA a la que cobró tan solo 2 millones de dólares anuales durante décadas. Aún a inicios de este siglo el gobierno norteamericano le daba más de 180 mil dólares anuales por medio de la National Endowment for Democracy, sin contar las subvenciones de la inteligencia India y las numerosas donaciones de excéntricos millonarios como George Soros y gente de la farándula. Porque eso sí, por alguna circunstancia Hollywood está fascinado con el Dalai Lama. Según Ed Douglas en una viejísima nota en el Indian Express Newspaper, se debe a que Hollywood necesita siempre de un enemigo, y China encaja bien en el papel del Imperio junto con el enorme parecido del Dalai Lama con Yoda. Y es que la fascinación de Hollywood parece ser mayor que la del mismísimo Bollywood. En todo caso la lista de celebridades es larga e incluye, los Beasties Boys (grupo académico experto en historia de oriente), a Steven Seagal quien recientemente declarara que gracias al tibetanismo ha empezado a convertirse en dios y a la famosa intelectual Sharon Stone quien en un momento de compasión tibetana declaró que las víctimas de los terremotos en china perecieron a consecuencia del karma por haber ocupado Tibet. Olvídense de la tectónica de placas.
Y es que elegir a sus amigos no ha sido el fuerte del Dalai Lama. Elba Esther Gordillo es la última de sus amistades gracias al patrocinio de su visita. Aunque considerando el tipo de amigos que ha tenido el Dalai Lama, hay que rescatar a la maestra Gordillo, no nos la vaya a corromper.
Fuentes principales de información usada en este texto:
Brauen, M.2004 Dreamworld Tibet: westerns illusions
Conze, E. 1959El budismo; FCE (México)
Douglas, E. 1997 Hollywood invades Tibet;; Indian Express Newspaper (Bombay)
García , J.C. 2011Grabará Pedro Damián visita del Dalai Lama, Agencia reforma.
Hale, C. 2006 La cruzada de Himmler; Inédita Editores; Barcelona
López, D. Prisoners of Shangri-La: Tibetan Buddhism and the West; 1998; Chicago University Press
Parenti, M. 2007;Friendly Feudalism: The Tibet Myth;
Russell, B. 1957. Why I am Not a Christian: And Other Essays on Religion and Related Subjects Routledge Classics
Sontang, S. 1972 Bajo el signo de Saturno ;;
Trimondi, V. 2003;The shadow of the Dalai Lama, Sexuality, Magic and Politics in Tibetan Buddhism;
Otras Fuentes consultadas
Goldstein, M.1997 The Snow Lion and the Dragon: China, Tibet, and the Dalai Lama; UCLA press
International child sex tourism; The protection Project/ JHopkins University; 2007
Melvyn Goldstein, William Siebenschuh, and Tashì-Tsering, 1997 The Struggle for Modern Tibet: The Autobiography of Tashì-Tsering (Armonk, N.Y.: M.E. Sharpe,).
Yoichi Shimatsu A Hidden History “Free Tibet, the Lost Crusade of Buddhist Japan” Japanese Religions Vol. 33 (1 & 2): 91-95
Sobre la persecución y prohibición del culto a Sorje Shugden se puede consultar:
Wednesday, August 10, 2011
Con tendencia a lo salvaje
Si hay una tecnología que de verdad resulta sorpendente para cualquiera es la nanotecnología. La ordenación precisa de moléculas y átomos de manera individual (uno por uno) en estruturas que no se forman de maner a espontánea es una de las vertientes intelectuales y aplicadas con más futuro. Cubiertas de un átomo de espesor para proteger medicamentos dentro del organismo, destrucción de células cancerosas (una por una), circuitos del tamaño de un núcleo celular o los microscopios basados en el efecto tunel que en unos años pueden hacer lucir a los microscopios de fuerza atómica como lupas de moda, de novedá, son ejemplos comunes del desarrollo nanotecnológico. En muchas instituciones mexicanas se trabaja en proyectos sobre nanotecnología; la UNAM ha desarrollado pinturas y recubriemtos nanotecnológicos así como telas blindadas (que me sigo preguntando por qué el gobierno no la usa). Los luditas que atacaron a los mestros del Tec luchando contra la dominación y por la libertad, representan en realidad un atentado contra la libertad de nuestro país. La libertad es la que se dañó con los atentados, la libertad de pensamiento de investigación y de discusión. La libertad intelectual. Pero también representan la urgente necesidad de reformar la educación, de regresar al rigor del pensamiento que evita que un Mozart en potencia termine balbucendo a los treinta y tantos que quiere ser como Kum Kum.
Miembros de ITS festejando la fuga de un hamster de una tienda +kota
