Monday, February 08, 2010

...y México en una laguna

Gracias a la historia de la anatomía comparada y a mi afición por las cemitas poblanas es que fui testigo de la, nunca antes vista e inimaginable lluviesota de la semana pasada. Y es que un amigo daba una conferencia en la BUAP la semana anterior y decidí que era una buena oportunidad para ir a comer mole y escucharlo. Llegué 9 y media de la mañana a la TAPO (la estación de autobuses) para encontrarme con que todas las salidas y llegadas estaban con retraso a consecuencia de la pertinaz lluvia que toda la noche cobijara a la ciudad. Así que compro un boleto para las 10:30 porque según llegaría antes que el de las 10:00. Salimos a las 11:30, y en un autobús de otra compañía con pasajeros mezclados de todos lo horarios y en una ruta alternativa, dizque para eludir la inundada y tradicional ruta de costumbre. A las 2 de la tarde descendí finalmente, pero no en Puebla, sino en avenida Central a cuatro estaciones de metro del punto de partida original. El oriente de la ciudad yacía para entonces bajo el agua tras 48 horas de lluvia continua, algo que según Alberto Hernández Unzón, meteorólogo del Servicio Meteorológico Nacional, nunca había ocurrido desde que se lleva registro de las precipitaciones pluviales. Lo curioso es que sólo unos meses después de que se fundara la Universidad de México, en el verano de 1553 una lluvia de poco más de un día dejó sumergida la capital de la Nueva España por el desbordamiento del Lago de Texcoco, exactamente el mismo lugar por donde unos siglos más tarde mi ADO intentaba pasar hacía Puebla. Y ese no fue ni el primero ni, evidentemente, el último de los chaparrones chilangos. Mi madre contaba de una inundación a principios de los cincuenta en la que no pudo regresar a casa durante horas hasta que un tipo con una piragua taxi pasó por la calle de Tacuba gritando -¡viva México Tenochtitlan! Y cobrando un peso por pasajero. Aunque el más feito ha sido indudablemente el de 1629. Causó treinta mil víctimas entre la población indígena; produjo el desalojó de casi veinte mil familias españolas e inundó la ciudad por cinco años. De hecho el mismo rey de España decretó que la capital se trasladara a otro sitio para refundarla, pero para variar (y al fin que estaba re lejos) no lo pelamos, afotunadamente; y de esta manera cerca de 400 familias vivieron en los segundo pisos, hacían revens en las azoteas, cotorreaban en las chalupas que los trasportaban y los puentes entre edificios se hicieron populares sitios de ligue. Pero como todas las cosas buenas no son para siempre, las aguas bajaron, el arco iris salió y nadie supo dónde quedó el arca. Lo que sí es que cada año, una veces más, unas veces menos la ciudad es chinampa en un lago escondido. Con todo y que el drenaje siempre ha funcionado rebien; se trata sólo de la maldita naturaleza que no nos quiere. Y para muestra el mismo día del megachubasco escuché decir al director de aguas de ésta ciudad, Ramón Aguirre (hijo), que el sistema de desagüe funcionó adecuadamente pero que 48 horas de lluvia eran mucha lluvia y se saturó. Lo curioso es que hace como 20 0 25 años escuché decir al regente Ramón Aguirre (padre) tras terrible inundación, que el sistema de drenaje de la Ciudad de México se encontraba bien, que el problema de ver decenas de colonias bajo el agua era que había llovido demasiado. Las promesas entonces fueron las mismas y las decisiones, siempre, las peores como entubar cuanto río se tenga a la vista. Ya va siendo tiempo en que dejen de escucharse a si mismos, de que vean más allá de la siguiente elección, de que no decidan en función de un cuate que vende tubería. Al menos recuerdo que el Colegio de Ingenieros, Alberto Kalach de la UIA, Teodoro González de León y la UAM han desarrollado proyectos para aprovechar el lecho del Lago de Texcoco, y evitar que esta ciudad siga eternamente sedienta y perennemente ahogada. Siempre recordaré a un ingeniero holandés traído hace unos añitos para asesorar sobre la escasez de agua en el DF. Al arribar en medio de tormentón con tintes diluviánicos preguntó a quien lo recibía, -¿es frecuente que llueva así? Medio año- fue la respuesta. –Ustedes no tienen falta de agua, lo que tienen es falta de interés en aprovecharla.

2 comments:

Orquidea said...

Jajaja, excelente como siempre, y a propósito de tanta lluvia leía un periódico el viernes pasado que nuestro querídisimo jefe de gobierno está a punto de obtener otro de sus adorados record Guinness, sólo que ahora por la cantidad de litros de agua que inundaron a las colonias más afectadas... beso!

La Muse Noire said...

Buen post, una real crónica pasada por agua!