Thursday, August 13, 2009

Acteal, entre Fray Bartolomé y el CIDE

Baltasar de lo Reyes era un brujo malvado. Bueno eso dijo la inquisición el 8 de octubre de 1646 y por eso lo pasó por la orca a unas cuadritas del Zócalo de la Ciudad de México. ¿Y cómo lo supo? A pos lo torturó hasta que confesó. Pero no todo fue tan malo, Juan de Correa usó lo que quedaba del pobre Baltasar para realizar la primera autopsia académica de México en el hospital de Jesús a dos cuadritas del mismo zócalo pero sobre la actual avenida 20 de noviembre, con un éxito inusitado. Hoy en día de nueva cuenta la razón y sinrazón se mezclan con aún menos fortuna. En el caso Acteal durante 11 años la razón fue desoida y casi 50 Baltasares fueron encerrados con el mismo tipo de pruebas que le arrancaron la vida a Baltasar original.

Hace ya algunos años que la vida me llevó a conocer Acteal en los Altos de Chiapas. Aún era la época del turismo revolucionario que permitió que muchas aburridas almas europeas se sintieran mejor consigo mismas. No los culpo por venir, todavía tras tantos años siento una conexión especial con el mundo tzotzil y con la gente que conocí. Ahí en esa deslavada cañada, 14 niñas, 4 niños, 4 mujeres embarazadas, otras 15 mujeres y 8 hombres murieron a machetazos y balazos.

Visitar la pequeña construcción donde ocurrió y tocar lo agujeros de bala que permanecen, hace que el corazón se haga como pasita. Encontrar a los asesinos era algo que tenía que hacerse para evitar la venganza que iniciara una escalada de muertes y ataques. Y eso hizo el gobierno, buscó unos asesinos. No eran los que lo hicieron, pero eran unos asesinos. Asesinos honorarios por decirlo. Además eran unos asesinos rebuenos, hasta mejores que lo verdaderos porque estos no sabían leer, algunos no hablaban español, no tenían abogados, y a los ojos mestizos y europeos se veían todos igualitos a los de verdad. Y pa acabarla de amolar como en todos los Altos sólo hay como 5 o 6 apellidos, pos no hay gran diferencia entre estos asesinos y los asesinos asesinos. ¿Así que para qué tardarse más teniendo la urgencia de un culpable?

Tal vez por eso hablar de la masacre fue inevitable luego de un tiempo trabajando en los altos. Una de las personas de Acteal con quien más colaboré me dijo que de los encarcelados la mayoría eran inocentes, que muchos de los culpables andaban bien sueltitos en Chenalhó. Todos lo sabían. Y la pregunta es, ¿entonces por qué los sentenciaron a 40 años de cárcel?

Por el peso de las pruebas. Y las pruebas eran las siguientes entre otras. Las de radisonato de sodio realizadas 48 horas después; claro que tenían el inconveniente de que indicaban que no había ningún rastro de manipulación de arma de fuego. Pero no importa, Martín Rangel Cervantes, uno de los jueces, en su dictamen de balística basado en Wikipedia dijo que no era concluyente. Otra pruebota: uno de los testigos sin saber leer y escribir entregó una lista por escrito de casi 300 personas con nombre apellido, dirección y oficio, tan sólo unas horas más tarde de afirmar sólo reconocer a unos cinco. Uno de lo inculpados, también analfabeta hizo otra lista de 130 culpables a pesar de que se encontraba en Tuxtla cuando ocurrió el hecho. Por cierto la capilla donde pasó todo no es de más de 40 metros cuadrados, así que 350 personas metidas ahí me suena un tanto inverosímil. Claro que la posibilidad de que los asesinos atacaran uno encima de otro, de a caballito, reduce el espacio necesario a la mitad. De las confesiones firmadas ya ni hablamos, fueron hechas en español por personas que, no sólo no sabían escribir o leer en él, sino que ni siquiera en tzotzil. Y como cereza del pastel uno de los jueces decidió agregar delitos a aciertos expedientes porque se le pasaron a la fiscalía. Y así se fue armando un expediente de 100 mil (si, leyeron bien) hojas.

Con todo, lo más impactante de lo acontecido estos días, no es el dictaminen de la Tremenda, perdón, quise decir Suprema, Corte, que abre nuevos horizontes en estos casos; tampoco lo absurdo de la falta de pruebas, lo más sorprendente, lo más sobrecogedor para mi fue escuchar a uno de los activistas de derechos humanos del Centro Fray Bartolomé de las Casas, decir que pese a los hechos mostrados por los investigadores del CIDE, creía totalmente en la culpabilidad de los ahora exculpados. Como escribí hace poco en otro espacio sobre el caso Martí y el Apá, estos casos, como otros tantos y muchas cosas en la vida deben resolverse con base en los hechos, en la búsqueda de las causas reales, verificables más allá de quien afirme una u otra cosa. La realidad nunca se va a adaptar a nuestras afirmaciones erróneas, pero nuestras afirmaciones sí pueden adaptarse a la realidad de los hechos. Así que ya lo saben, la siguiente vez que vean a alguien confesar que es un conejo no le crean a la primera, especialmente si el confeso es un elefante y tiene signos de tortura.

1 comment:

Orquidea said...

Muy buena reflexión , me conduce a pensar en los tantos y tantos asuntos (no sólo indìgenas) que dejan de lado la verificación de los hechos para afirmar cuestiones que cualquiera que desconozca un poquito el tema, puede llegar a creer como verdad absoluta. Gracias amigo!!! Por cierto, luego me cuentas cómo está eso de W radio, eh? Besos!!!